lunes, 7 de noviembre de 2016

LA MONTAÑA RUSA DE LOS ESTADOS DE ANIMO

LA MONTAÑA RUSA DE LOS ESTADOS DE ANIMO

¿La adrenalina de subir y bajar o el aburrimiento de estar siempre igual?

Si te sientes bien es posible que en el fondo de ti te estés preparando para estar mal, o si te sientes mal es posible que realidad te estés preparando para estar bien. Estar bien o estar mal no son precisamente dos estados de ánimo sino dos estaciones de la misma estrategia mental. Son momentos más o menos cortos o transitorios en la vida de humanos que no están a gusto consigo mismos.

Cuando las cosas mejoran y empeoran de manera cíclica es porque estamos ante una modalidad del recorrido de la vida que le llamo “la montaña rusa” de los estados de ánimo. Es toda una psicopatología que se le ha dado el nombre de Bipolaridad o síndrome maníaco depresivo, que según mi observación padecen casi todos los seres humanos que he conocido hasta ahora.  Muy pocos son los que están estabilizados o que hacen un recorrido suave y sin tantos altibajos, y la mayoría de ellos es porque están medicados psiquiátricamente o porque fuman marihuana todos los días. Es decir que para poder mantener un estado de ánimo más o menos estable es preciso modificar químicamente el organismo porque si no se le dispara la necesidad de intensidad y de cambios abruptos, o que haya adrenalina que mueva internamente las sensaciones que se sienten, cosa que mete a la mente en movimientos bruscos e inestables, y que tortura a cualquier persona. Por esta razón recurrimos a herramientas químicamente estabilizadoras, que adaptan y anestesian antes que curar o resolver el problema. Es el estado de adormecimiento químico y emocional en que vive tanta gente.

Pero no solo a través de la modificación química nos adormecemos ante una realidad tan aburrida, también se ha comprobado que la rutina, el estudio, el trabajo, los horarios fijos, el orden y el tener la agenda siempre llena de actividades son diversos recursos que ayudan a no entrar en esos espacios de insatisfacción o reflexión profunda sobre el estado real en que se encuentra el individuo. Esta organización de tiempos y tareas actúan como elementos de distracción a la realidad que se experimenta. Pero además se cuenta con herramientas complementarias para casos más complejos o momentos más complicados, como por ejemplo: ver televisión, fumar, drogarse, emborracharse, viajar sin poder parar, cambiar de trabajo, pareja o lugar de residencia todo el tiempo, y muchos más recursos para ocupar todo el tiempo y mover cuanto más la energía cotidiana por si en un descuido llegara a ocurrir que tuviera un momento para encontrarse consigo mismo, cosa que sería más o menos trágico para cada persona, según el grado de insatisfacción que tenga con él mismo y con su vida. La cuestión es no darse cuenta del estado real en que se vive, por tanto, hay que vivir distraído, ocupado o alienado.

Detrás de toda adicción hay un juego bipolar, y detrás de todo juego bipolar hay alguna estructura adictiva. Detrás de toda depresión hay una evasiva y detrás de toda evasiva hay algún tipo de locura producida por un exceso de normalidad.

Para muchas personas la vida se ha convertido en toda una preparación, basada en lograr estar mal para luego poder estar bien o una preparación basada en estar bien para luego estar mal. ¿Cuál es la atracción? ¿subir o bajar? ¿o ambas? ¿Subir para bajar o bajar para subir?  Son diferentes tipos de juegos que jugamos los seres humanos ante la desgracia de haber sido ADAPTADOS a un entorno, a la sociedad o a la normalidad que se nos exige ser comunes y corrientes para estar integrados al sistema.

Estar en la cumbre o en el fondo del valle resulta tan atractivo como adictivo. En ambos extremos nos apetece quedarnos a vivir, nos acostumbramos tanto que luego no queremos cambiar.

Cuando se está abajo en la depresión o la angustia uno se puede quedar ahí para siempre con más facilidad que quedarse en la cumbre ya que es tan poco sostenible estar en determinado nivel de bienestar que más tarde que temprano aparecerá alguna razón justificada o inventada para volver a caer. Porque el sistema evasivo o sustitutivo que ofrece esta montaña rusa cuando sube no es genuino ni tampoco produce satisfacción real y profunda en el individuo. Es simplemente para dar un momento de vértigo y profunda entrega al aquí y ahora.

La espiritualidad no escapa a esta patología, ya que, como generadora de estados ampliados o expandidos de consciencia, representa la polaridad elevada en el sentido de que aporta bienestar anímico, consciencia cósmica, comprensión de asuntos complejos y actitud  trascendente; mientras que el materialismo representa el extremo neurótico que genera diferentes estados de bajo nivel vibratorio como la angustia, la depresión, es estrés, la ansiedad, las obsesiones, la avaricia, las adicciones, etc.

Dentro de este contexto, no veo a la psicosis y la neurosis como enfermedades mentales sino más bien los dos puntos más elevados y más bajos del mismo recorrido que hace la vida de insatisfacción que llevamos. Desconectarse despreocupadamente de la realidad o sumergirse obsesivamente en ella son dos estados de una misma mente que no está a gusto con la vida tal cual se presenta. La naturaleza del yo es conflictiva, divisiva y problemática, por tanto, vive en la queja y la sensación de imperfección; la mente ve que falta algo, que nada está completo, que las cosas no son como debieran ser o que nunca van a llegar a ser como deben ser. Ante semejante presión interna opta por sumergirse en el pozo de la depresión para luego ascender a la cumbre de la exaltación, o bien por quedarse instalado en la seguridad, pasividad y aparente paz que ofrece el valle de la angustia.

Como contrapartida de esta inclinación hacia abajo, están aquellos que buscan obsesivamente tener experiencias cumbres, e incluso quedarse arriba, en estados de iluminación, de amor supremo, de conexión cósmica o de apertura de corazón; cosa que proponen más o menos todos los tipos de espiritualidad que he conocido. En el fondo, quienes buscan denodadamente la luz tienen la misma intención de quienes buscan sumergirse en la oscuridad.  ¿Cuál es la intención de fondo que rige esta montaña rusa humana?

Alberto José Varela
nosoy@albertojosevarela.com

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